Atlantropa: el loco sueño nazi para desecar el Mediterráneo

Pablo Gómez
presa nazi proyecto Atlantropa Gibraltar

Soy uno de los usuarios de Prime Video. Para quienes no sepáis lo que es, se trata del servicio de películas en streaming de Amazon; no está a la altura de opciones como Netflix, desde luego, pero si acostumbráis a comprar productos online a través de Amazon, por unos 20 euros al año además de libraros de pagar gastos de envío en miles de productos y de poder recibirlos en un día, os incluye este servicio, que no está además tan limitado como Netflix y que, siendo más básico, ofrece series muy interesantes.

Una de esas series, que además es exclusiva de Prime Video, es El Hombre en el Castillo (The Man in the High Castle), basada en el libro del mismo nombre escrito en 1962 por Philip K. Dick (sí, el mismo que escribió “Sueñan los Androides con Ovejas Electrónicas”, en el que se basó la famosa Blade Runner). Tengo pendiente leerme el libro (sobre el que he leído críticas dispares), pero he de decir que la serie –sobre la que ya hay prevista una tercera temporada– tiene un planteamiento muy original y merece realmente echarle un vistazo, si bien también he de decir que en mi opinión –y es un problema del que adolecen muchas series- la segunda temporada desvela detalles que debería haber mantenido en secreto (quizás no esperaban una tercera temporada) y extiende ciertas tramas hasta extremos un poco incoherentes.

América en El Hombre en el Castillo (The Man in the High Castle)

La serie refleja un hipotético mundo alternativo en el que las fuerzas del Eje –concretamente los nazis y el Imperio Japonés- ganaron la II Guerra Mundial y se adueñaron de la mayor parte del mundo, salvo algunas zonas que permanecen neutrales pero bajo influencia de una u otra potencia. En uno de los capítulos de la segunda temporada, el nuevo líder del III Reich, el Reichminister Heusmann habla sobre una idea impresionante: desecar el Mar Mediterráneo para crear nuevas zonas habitables y de cultivo.

Puede parecer a priori una idea loca de los guionistas de la serie, pero lo cierto es que como muchos de los conceptos e ideas que se plantean en la producción, está basada en parte en hechos reales; en este caso en el proyecto del arquitecto alemán Herman Sörgel, que a finales de los años 20 planteó la idea de crear una inmensa presa hidroeléctrica en el Estrecho de Gibraltar: esto habría permitido generar ingentes cantidades de electricidad a través de la energía hidráulica y además rebajar el nivel del Mediterráneo en al menos 200 metros, dejando al descubierto nuevas tierras colonizables y potencialmente cultivables, especialmente al norte del Mar Adriático y en la costa de Túnez y Libia.

mapa de AtlantropaAdemás de la principal y gran presa en el Estrecho de Gibraltar, Sörgel planteaba otras presas menores –aunque también enormes- que estarían en el Estrecho de los Dardanelos (en la desembocadura del Mármara al Egeo), en la franja de tierra que quedaría entre Sicilia y Túnez (con el objetivo último de rebajar aún más el nivel del mar en el Mediterráneo Oriental), y en el Río Congo para crear un gran lago interior en la cuenca de Lago Chad con la que irrigar el desierto del Sáhara, y que estaría comunicado con un canal navegable hasta la costa de Túnez. Además el proyecto planteaba también extender la longitud del Canal de Suez para mantener su conexión con el Mar Rojo, y curiosamente –a modo de anécdota- ideaba una serie de exclusas para preservar la ciudad de Venecia, que habría quedado con la costa a cientos de kilómetros de distancia.

Pensado para ser concluido en un siglo (hoy día sabemos que el proceso inverso, la inundación de la cuenca mediterránea, ocurrió hace 6 millones de años y duró sólo 2 años), la idea de Atlantropa paradójicamente partía del ideal de una Europa unida y pacífica, pero no dejaba de ser hija de su tiempo: su realización estaba basada en el colonialismo europeo de África, de forma que la unión política entre las potencias europeas y sus colonias africanas se transformaba además en una unión territorial uniendo ambos continentes para crear una superpotencia que haría frente a América y Asia, y por supuesto sin tener en cuenta la opinión de los pueblos africanos colonizados; además un proyecto de tal envergadura y con semejantes implicaciones para Europa en la práctica necesitaba de una Europa dominada por un gobierno fuerte, de ahí que encontrase en el régimen nazi a uno de sus principales interesados.

Por otro lado las implicaciones medioambientales de desecar el Mediterráneo eran enormes, así como su impacto en las poblaciones y ciudades portuarias del Mediterráneo, tanto en el sur de Europa como en el norte de África. Una prueba de las consecuencias de un proyecto así, aunque a menor escala, lo encontramos quizás hoy día en el tristemente famoso Mar de Aral, un mar interior entre Kazajistán y Uzbekistán: antaño uno de los mayores lagos del mundo, comenzó a secarse debido a los proyectos de irrigación impulsados en los 60 por la Unión Soviética, especialmente para el cultivo del algodón.

Hoy día el Mar de Aral es apenas un 5% de lo que fue y sólo queda un pequeño lago al oeste, mientras que la cuenca este se ha convertido en un gran desierto denominado Desierto de Aralkum. La antaño próspera industria pesquera ha desaparecido y la población de la zona sufre de graves problemas de salud fruto de la salinidad y la contaminación. Aun así hay quienes ven en lo que ha sido definido como “uno de los peores desastres medioambientales” del planeta algo positivo, recordando que con las aguas de lo que fue el Aral, unos 2 millones de hectáreas de desierto han sido convertidas en prósperas tierras de cultivo… A qué precio.

Sörgel defendió su idea de Atlantropa hasta su misma muerte, acaecida accidentalmente en 1952, y de hecho el proyecto, que gozó de gran popularidad en Alemania mientras los nazis dominaron la política germana, murió prácticamente con él después de haber sido planteado de nuevo en los años finales de su vida. El coste increíble que planteaba llevar a cabo el proyecto y lidiar con su impacto en la región, el fin del colonialismo europeo en África y el desarrollo de la energía nuclear acabaron haciendo que la idea de desecar el Mediterráneo fuera técnicamente innecesaria y políticamente inviable.

Hoy día lo que queda de Atlantropa es la idea quimérica de aprovechar algún día el potencial hidroeléctrico en el Estrecho de Gibraltar, pero sin rebajar el nivel del mar, así como planteamientos similares que buscarían frenar la subida del nivel del mar en el Mediterráneo como consecuencia del calentamiento global. Pero la idea de Atlantropa, aunque hoy día no permanezca más que como una obra de ficción, nos recuerda hasta qué punto el ser humano se llega a plantear querer transformar la naturaleza con proyectos megalómanos y descabellados.

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