Israel y el arma nuclear: la opción Sansón

Las hipotéticas armas nucleares de Israel han sido un secreto a voces en el complejo y siempre candente escenario de Oriente Medio. Durante años se ha especulado con la posibilidad de que el Estado judío tenga la bomba atómica, incluso planteándose la opción de que podría llegar a usarla algún día. Pero, ¿cuánto de verdad hay en esto?
A raíz de la terrible guerra en Gaza, que ha dejado decenas de miles de civiles palestinos muertos, la cuestión del hipotético arsenal nuclear israelí ha vuelto a salir a la luz después de que el ministro israelí de Patrimonio, el ultraderechista Amichai Eliyahu, llegase a sugerir como opción para Israel lanzar una bomba nuclear en Gaza como forma de acabar con el grupo palestino Hamas.
Esto por supuesto desató una ola de reacciones y condenas a nivel internacional; pero lo que sobre todo hizo fue poner en evidencia -quizás porque alguien como Eliyahu ni siquiera es capaz de guardar un secreto de Estado- que la posibilidad de que Israel tenga armas nucleares es mucho más que una hipótesis. Este post quiere adentrarse precisamente en los detalles del programa nuclear israelí, lo que conocemos de él, cuál es la estrategia de disuasión nuclear que sigue Israel y bajo qué circunstancias usaría un arma atómica, y en qué consiste la llamada opción Sansón.
¿Israel tiene la bomba nuclear?
Aunque Israel nunca ha admitido públicamente tener armas nucleares, lo cierto es que más allá de las certezas hay suficientes indicios y testimonios que nos permiten asegurar que el Estado hebreo posee no una, sino varias bombas nucleares, y que -tras la experiencia del Holocausto nazi y de las guerras con los países árabes tras su fundación- considera al arma atómica como un elemento garante vital para su existencia. Israel siempre ha mantenido al respecto una política de ambigüedad nuclear, de la que hablaremos más adelante: una ambigüedad -ni confirmar ni desmentir- que es de hecho política común también en acciones militares fuera de su territorio, en escenarios como Siria o Irán.
Sin embargo, diversos informes de inteligencia, particularmente de Estados Unidos y otras potencias occidentales, sugieren que Israel cuenta con un arsenal nuclear desde la década de 1960. Expertos en defensa y en disuasión nuclear, a partir de informaciones recopiladas a lo largo de las últimas décadas y de testigos contrastados, creen que Israel posee un arsenal atómico de varias decenas de ojivas nucleares, listas para ser desplegadas y lanzadas.
¿Qué arsenal nuclear tiene Israel?
Aunque Israel nunca ha confirmado oficialmente la existencia de su arsenal nuclear, y de hecho su política de ambigüedad nuclear -por la cual Israel ni confirma ni niega la posesión de este tipo de armamento- contribuye a su estrategia de disuasión, no es menos cierto que a día de hoy son pocos los que niegan que Israel es uno de los pocos países que cuentan con un arsenal activo de armas atómicas.
Cantidad y capacidad del arsenal nuclear israelí
Las estimaciones sobre el número exacto de ojivas nucleares que Israel posee varían considerablemente. La mayoría de los expertos coinciden en que el arsenal israelí podría estar en el rango de 70 a 400 ojivas nucleares, según distintos cálculos, siendo imposible dar una cifra exacta debido a la naturaleza secreta del programa nuclear israelí y a la falta de datos verificables. Pese a ello, la cifra más comúnmente citada por fuentes de inteligencia occidentales y estudios académicos habla de un arsenal de 200 ojivas atómicas.
Medios de despliegue de las armas nucleares de Israel
Israel ha desarrollado una serie de medios para desplegar y lanzar estas armas nucleares, incluyendo misiles balísticos, submarinos con capacidad nuclear y aviones de combate:
Misiles Jericó:
Israel ha desarrollado una serie de misiles balísticos denominados Jericó. El Jericó I, desarrollado en la década de 1970, tenía un alcance relativamente corto; pero posteriormente el Jericó II y el Jericó III han ampliado significativamente el alcance, con capacidades que van desde los 1.500 km del Jericó II hasta los 4.800 km del Jericó III (aunque algunos estudios elevan su alcance a 11.500 km), lo que permite a Israel alcanzar objetivos no solo en Medio Oriente, sino también atacar Europa e incluso Asia.
Submarinos clase Dolphin:
Adquiridos a Alemania, estos submarinos diésel-eléctricos se cuentan entre los sumergibles de propulsión no nuclear más avanzados del mundo, y están adaptados para llevar misiles de crucero con capacidad atómica. La presencia de estos submarinos en la flota israelí sirve para proporcionar una capacidad de segundo golpe, crucial para la doctrina de disuasión de Israel como veremos más adelante. Estos submarinos pueden operar de manera encubierta, ofreciendo una plataforma segura desde la cual poder lanzar un contraataque nuclear incluso si Israel sufriese un primer ataque devastador que dejase fuera de combate su arsenal atómico en tierra.
Aviones de combate:
La Fuerza Aérea Israelí cuenta con aviones de combate avanzados como los F-15 y F-16, que se cree están adaptados para llevar armas nucleares tácticas. Estas aeronaves proporcionan un vector adicional para el uso de armas nucleares, aunque con el inconveniente de que necesitan volar en un espacio aéreo libre de enemigos para asegurarse de alcanzar sus objetivos.

¿Cuándo comienza Israel a interesarse por el arma nuclear?
El interés de Israel en las armas nucleares se remonta a los primeros años de la década de 1950, poco después de la fundación del Estado israelí en 1948 tras la partición de Palestina. Este interés se vio impulsado por una combinación de factores históricos, geopolíticos y estratégicos que llevaron a los líderes israelíes a considerar la posesión de un arsenal nuclear como un factor esencial para la supervivencia del nuevo Estado.
Este sentimiento se vio además impulsado por la percepción de que los Estados árabes circundantes, hostiles desde la fundación misma del Estado de Israel, podrían unir sus fuerzas para intentar acabar con él, lo que no tardó en ocurrir dando más razones de peso si cabe a los líderes políticos israelíes para hacerse con el arma nuclear.
David Ben-Gurión, el primer primer ministro de Israel, fue de hecho uno de los firmes defensores de la necesidad de que el nuevo Estado judío contara con un programa nuclear propio. Su visión era que un arsenal nuclear serviría como el último garante de la supervivencia de Israel, incluso en caso de una derrota en una guerra convencional.

Los inicios del programa nuclear de Israel
Es un hecho, como acabo de recordar, que el nacimiento de Israel estuvo marcado por conflictos armados con sus vecinos árabes, comenzando con la Guerra Árabe-Israelí de 1948-1949 (llamada por los israelíes Guerra de Independencia o Guerra de Liberación) que estalló al día siguiente de que Ben-Gurión proclamase la Independencia de Israel.
La experiencia traumática del Holocausto y la percepción de que Israel siempre estaría rodeado de enemigos hostiles, fueron factores clave que contribuyeron a esta mentalidad de asedio y amenaza constante, que empujaba a sus líderes a pensar que el nuevo país necesitaba un elemento decisorio que garantizase su supervivencia incluso en el peor escenario.
En este contexto, Ben-Gurión y otros líderes israelíes sostenían que un arsenal nuclear propio a semejanza del que comenzaban a desarrollar naciones como Estados Unidos o Rusia serviría para “equilibrar la balanza” y contrarrestar a la mayor demografía y las superiores fuerzas convencionales de los Estados árabes que rodeaban a Israel. La mentalidad detrás de esta iniciativa era clara: si Israel podía desarrollar un arma de destrucción masiva, podría disuadir a cualquier coalición árabe de intentar su destrucción, so pena de tener que afrontar consecuencias catastróficas.
Primeros pasos del programa nuclear israelí
En la década de 1950 Israel comenzó a sentar las bases para su programa nuclear. Uno de los primeros pasos importantes fue la creación en 1952 de la Comisión de Energía Atómica de Israel, encargada de supervisar y desarrollar las incipientes capacidades nucleares del país. Ben-Gurión nombró como primer director de la institución a Ernst David Bergmann, un destacado científico considerado de facto el padre del programa nuclear israelí.
Cooperación con Francia
El avance significativo en el programa nuclear de Israel se produjo no obstante a finales de la década de 1950 y principios de la de 1960, gracias a la cooperación con Francia. La alianza franco-israelí se fortaleció durante la Crisis de Suez de 1956, cuando ambos países junto con el Reino Unido lanzaron una operación militar conjunta contra Egipto. Como resultado de esta colaboración, Francia acordó ayudar a Israel en el desarrollo de sus capacidades nucleares.
Francia proporcionó a Israel un reactor nuclear y asistencia técnica, lo que permitió a Israel construir el reactor de Dimona en el desierto del Negev. Oficialmente, el reactor de Dimona fue presentado como una instalación para fines pacíficos y experimentales; en realidad, su propósito era producir plutonio para armas nucleares (es un hecho que nunca se ha publicado un trabajo científico basado en los supuestos “experimentos pacíficos” en Dimona). La construcción del reactor comenzó en secreto en 1958, y se completó y puso en marcha a principios de la década de 1960 (se cree que en algún momento entre 1962 y 1964).
Avances en la década de 1960
Durante la década de 1960 Israel continuó avanzando en su programa nuclear centrándose en desarrollar su capacidad para producir armas nucleares. A medida que el reactor de Dimona se ponía en funcionamiento, Israel inició la producción de plutonio, un componente clave para las armas nucleares debido a su mayor capacidad de fisión.
Aunque el país mantuvo un estricto secretismo sobre sus actividades nucleares, hoy día se cree que a finales de la década de 1960 Israel ya contaba con capacidad para ensamblar su primera bomba nuclear. Es en este período cuando comienza a fraguarse la ambigüedad nuclear israelí: al contrario que otros países, Israel opta por no realizar pruebas nucleares públicas, evadiendo así posibles sanciones internacionales al mismo tiempo que conseguía una disuasión nuclear sin provocar una carrera armamentista nuclear en Oriente Medio por hacerse con la bomba atómica.
Consolidación del programa nuclear de Israel: décadas de 1970 y 1980
Tras los progresos en la década de los 60, a lo largo de las décadas de 1970 y 1980 Israel continuó desarrollando y consolidando sus capacidades nucleares. Pese a la ausencia de datos oficiales, diversas fuentes de inteligencia y filtraciones apuntan a que Israel mejoró tanto su tecnología de misiles como su capacidad para lanzar armas nucleares desde diferentes plataformas, incluyendo misiles balísticos y submarinos.
Pruebas atómicas de Israel
Al igual que ocurre con su programa nuclear, no existe reconocimiento ni datos oficiales de las autoridades de Israel sobre pruebas nucleares realizadas por este país. Aun así, hay datos que parecen confirmar que el Estado judío llevó a cabo pruebas nucleares para desarrollar y testar su arsenal atómico, siendo la mayoría de ellas subterráneas para favorecer la ocultación del programa.
Uno de los eventos más citados en relación con las supuestas pruebas nucleares israelíes es el llamado Incidente Vela, ocurrido el 22 de septiembre de 1979. Fue en esa fecha cuando un satélite de observación estadounidense del Proyecto Vela detectó un doble destello de luz en el Océano Índico, concretamente en las Islas del Príncipe Eduardo, un territorio insular al sur de Sudáfrica.
Este tipo de destello es característico de una explosión nuclear atmosférica. Aunque nunca se ha confirmado oficialmente, muchos analistas y expertos en defensa creen que esta fue una prueba nuclear realizada por Israel, muy posiblemente en colaboración con el régimen del Apartheid en Sudáfrica, país al que en 1975 -según han revelado documentos secretos sudafricanos- Israel trató de vender varias ojivas nucleares.
En favor de la teoría de una prueba atómica juega el hecho de que, en ese momento, Sudáfrica también estaba desarrollando su propio -pero limitado- programa nuclear (reconocido públicamente en 1993, y al que renunció bajo el gobierno de De Klerk tras el fin de la Guerra Fría), y que ambos países mantenían una estrecha cooperación en este campo: Sudáfrica aportaba sus grandes reservas de uranio para producir plutonio, e Israel la tecnología nuclear. A falta de pruebas concluyentes, y tras la negativa de los dos gobiernos implicados a comentar el incidente, nunca se pudo confirmar oficialmente qué originó el “incidente Vela”; pero expertos de inteligencia estadounidenses plasmaron en sus informes que creían al 90% que había sido originado por una explosión nuclear en la atmósfera.

Pruebas subterráneas
Además del Incidente Vela (que sería la única prueba atmosférica israelí de la que hay evidencias), se especula que Israel ha realizado varias pruebas subterráneas con armas atómicas. Estas pruebas son mucho más difíciles de detectar que las pruebas atmosféricas, ya que no producen el mismo tipo de destello visible y pueden realizarse en áreas remotas. Para este fin, las instalaciones subterráneas en el desierto del Negev en torno al reactor nuclear de Dimona podrían haber sido el sitio más adecuado.
La falta de datos verificables hace difícil confirmar la realización de pruebas subterráneas por parte de Israel, mucho más incluso que la supuesta prueba atmosférica en cooperación con Sudáfrica. Aun así, las capacidades tecnológicas y la experiencia de Israel en otros campos sugieren, a juicio de los expertos en la materia, que el país probó varios tipos de artefactos nucleares en pruebas bajo superficie a fin de no atraer la atención internacional, y como parte de su estrategia de ambigüedad.
Los secretos revelados por Mordechai Vanunu
He hablado varias veces de que a lo largo de los años ha habido informes de inteligencia y pruebas que evidencian que Israel no solo puso en marcha un programa nuclear, sino que además cuenta con un importante arsenal de armamento atómico. Pero también ha habido filtraciones y testimonios que han venido a corroborar estas sospechas.
En 2006, durante una entrevista con una cadena alemana, el entonces primer ministro israelí Ehud Olmert tuvo un desliz y nombró a Israel junto con EE.UU. Francia y Rusia al mencionar a países que poseían armas nucleares: una torpeza enorme por la cual la oposición israelí pidió inmediatamente su dimisión. Dos años más tarde, en 2008, durante una comparecencia de prensa en Gales, el expresidente estadounidense Jimmy Carter -bajo cuyo mandato se produjo el «incidente Vela», cuyo gobierno trató de encubrir para proteger a Israel- declaró abiertamente que «Israel tiene 150 armas atómicas o más«.
Pero uno de los testimonios más conocidos -si no el que más- y que más contribuyó a revelar los secretos nucleares de Israel fue el de Mordechai Vanunu, un antiguo técnico nuclear israelí y activo pacifista que en 1986 reveló al mundo datos sobre el programa nuclear israelí hasta entonces desconocidos, durante una entrevista al periódico británico The Sunday Times.

Según Vanunu, Israel tendría plutonio suficiente para fabricar entre 100 y 200 ojivas nucleares, empleando unos 4 kg de material fisionable por ojiva (para hacernos una idea, la detonación de la bomba de Nagasaki fue causada por la explosión de 1 kg de plutonio). Aunque Vanunu no pudo proporcionar detalles sobre las pruebas atómicas, ni tampoco pudo confirmar si Israel había desarrollado armas termonucleares de dos fases como la bomba de neutrones, su testimonio reforzó la convicción de que Israel posee un avanzado arsenal nuclear.
Vanunu, por entonces convertido al cristianismo, fue posteriormente drogado, secuestrado y trasladado a Israel por el Mossad. Fue condenado en un juicio secreto por alta traición y pasó 18 años en prisión -11 de ellos en confinamiento en solitario- denunciando un «trato cruel y bárbaro» durante su estancia en la cárcel, hasta que salió en libertad condicional en 2004 bajo prohibición hasta hoy día de abandonar Israel o conceder entrevistas. En 2009, tras conocer que se le había propuesto para el Premio Nobel de la Paz, pidió que se retirara su candidatura explicando que no podía aceptar un galardón que había recibido el ex primer ministro y presidente israelí Shimon Peres, del que Vanunu dijo que era el padre de la bomba atómica israelí y responsable de su secuestro y encarcelamiento en prisión.
La doctrina de disuasión nuclear israelí
Como ya he dicho a lo largo de este artículo, Israel no se planteó el desarrollo de armas nucleares solo para tener un arma más poderosa frente a sus enemigos, sino para establecer una potente doctrina de disuasión. Esta doctrina, que sigue en pie hoy día, se basa en la capacidad de infligir daños inasumibles a cualquier potencial adversario que amenace la existencia del Estado de Israel. Es en este contexto en el que cobra sentido la famosa frase atribuida al exministro israelí de defensa Moshe Dayan (1967-1974): «Israel debe ser como un perro rabioso, demasiado peligroso para ser molestado«.
Disuasión a través de la ambigüedad
Un pilar fundamental de la doctrina de disuasión nuclear israelí es la política de ambigüedad nuclear. Israel nunca ha confirmado ni negado públicamente la posesión de armas nucleares, manteniendo un nivel de incertidumbre que actúa en sí mismo como un elemento disuasorio para potenciales agresores, que ante cualquier acción hostil se enfrentarían a la duda de no saber con certeza si Israel tiene armas nucleares, y si va a utilizarlas.
Esta ambigüedad también evita una carrera armamentista nuclear en el Medio Oriente, ya que ante la falta de una confirmación clara, los países vecinos no tienen razones de peso que justifiquen el desarrollo de sus propias armas atómicas como respuesta a una amenaza nuclear. En la práctica, esta estrategia de Israel le ha permitido mantener su superioridad estratégica en Oriente Medio.
La capacidad de “segundo golpe”
La capacidad de segundo golpe es otro componente crítico de la doctrina de disuasión de Israel. Esta capacidad garantiza que Israel puede lanzar un ataque nuclear de represalia incluso si su infraestructura y fuerzas militares son severamente dañadas o destruidas en un primer ataque, incluso nuclear. La base de esta doctrina, por tanto, es que ningún adversario querría enfrentarse a las consecuencias de un contraataque nuclear devastador, aun teniendo la iniciativa y habiendo superado las defensas israelíes.
Para mantener esta capacidad, Israel ha invertido durante años grandes esfuerzos en una variedad de plataformas de lanzamiento de las que ya se ha hablado aquí, incluyendo los submarinos clase Dolphin, que son capaces de lanzar misiles con capacidad nuclear y que constituyen una plataforma móvil y segura que a la vez es difícil de localizar y destruir. Otros elementos clave de esta capacidad de represalia son los misiles balísticos Jericó de última generación y las armas nucleares tácticas adaptadas a aeronaves de gran maniobrabilidad y alcance, como son los F-15 y F-16.
Respuesta a amenazas existenciales
La doctrina de disuasión de Israel se basa en una clara definición de las potenciales amenazas existenciales que justificarían una respuesta nuclear. Estas incluyen no solo ataques nucleares enemigos, sino también invasiones a gran escala, ataques con armas de destrucción masiva, y otras acciones que podrían poner en riesgo la existencia misma del Estado de Israel. La capacidad de responder a estas amenazas con una fuerza abrumadora es un componente clave de su estrategia de defensa, y un factor disuasorio frente a países hostiles, incluyendo Siria o Irán.
La bomba nuclear de Israel y la Opción Sansón
La llamada opción Sansón es un factor clave al hablar del arsenal nuclear israelí y de su estrategia de disuasión. Este término toma su nombre de la figura bíblica de Sansón, quien destruyó el templo de los filisteos causando su propia muerte junto con la de sus enemigos al verse humillado y sin salida. Se trata de un héroe de la mitología israelí cuya muerte captura la esencia misma de la estrategia de disuasión nuclear de Israel; a saber: si Israel se enfrenta a su destrucción inminente, el país podría optar por lanzar un ataque nuclear devastador no para sobrevivir… Sino para asegurarse de que sus enemigos sufren también consecuencias catastróficas.
Esta política tiene como objetivo no solo disuadir a los enemigos de atacar, sino también garantizar que cualquier agresión masiva contra Israel resultaría en una destrucción mutua asegurada (escrito en inglés con las siglas M.A.D., que juntas forman la palabra “loco”…). En definitiva, bajo esta opción subyace la idea de que ningún adversario querría enfrentarse a las consecuencias de una represalia nuclear total, y a un adversario dispuesto a provocar una catástrofe de esta magnitud… Incluso con todo ya perdido.
La idea de una estrategia del «todo o nada» surgió en los primeros años del programa nuclear israelí. Los líderes israelíes, enfrentados a la hostilidad constante de sus vecinos árabes y a la siempre latente amenaza de la aniquilación del Estado judío, buscaron una forma de garantizar que ningún adversario considerara viable un ataque que pudiera destruir el Estado de Israel, por las consecuencias terribles que ello acarrearía bajo cualquier escenario. Para alcanzar este objetivo, la opción Sansón se concibió como la disuasión nuclear definitiva: un seguro contra la destrucción que literalmente rozaba la locura (en inglés madness).
La lógica detrás de la Opción Sansón
La opción Sansón se basa en la teoría de la disuasión por castigo extremo. La lógica es sencilla pero brutalmente efectiva: si un adversario sabe que un ataque contra Israel resultaría en una represalia nuclear devastadora, la amenaza de esa represalia debería ser suficiente para disuadir el mismo ataque inicial. Este concepto está relacionado con la doctrina de la destrucción mutua asegurada (MAD) mencionada antes y que imperó durante la Guerra Fría, pero en este caso circunscrita a un contexto no global sino regional, centrado en Medio Oriente.
Tengamos en cuenta además que el objetivo de la opción Sansón no es solo proteger a Israel de ataques convencionales o nucleares; esta estrategia también busca preservar la existencia del Estado israelí en su sentido más amplio. Es decir: la opción Sansón sería una respuesta plausible a una amenaza existencial como una invasión militar convencional a gran escala o un ataque nuclear exterior… Pero también se consideraría válida ante un colapso del país precipitado por conflictos internos (por ejemplo una futura guerra civil entre israelíes religiosos y laicos, o entre la población judía y la cada vez mayor minoría árabe…). También se contemplaría ante cualquier situación que pusiera en riesgo la continuidad de Israel como nación soberana.
En suma, hablamos de un concepto de disuasión nuclear basado en la idea de que el mundo debe no solo aceptar, sino también velar por la preservación del Estado de Israel… O enfrentarse a la destrucción.
La opción Sansón en 1967
Llegados a este punto, es importante no confundir sin embargo la mencionada opción Sansón con el llamado plan Sansón de Israel de 1967, también llamado “Operación Día del Juicio”; este fue un plan puesto en marcha por el gobierno israelí durante la llamada Guerra de los Seis Días para lanzar un arma nuclear sobre el desierto egipcio del Sinaí, a fin de hacer llegar una advertencia a sus enemigos árabes. Finalmente el plan no se llevó a cabo porque, contra todo pronóstico, Israel asestó una derrota fulminante a la coalición de países árabes formada por Egipto, Siria, Jordania e Irak. Pero hasta el último minuto el uso de la bomba atómica estuvo sobre la mesa, iba a ser una realidad… Y solo un «milagro» inesperado lo evitó.
Consecuencias de la ambigüedad nuclear de Israel
La política de ambigüedad nuclear de Israel ha sido fundamental en su estrategia de defensa, permitiéndole mantener una postura de disuasión sin provocar una carrera armamentista en la región ni tener que afrontar sanciones internacionales. Esta estrategia no solo se basa en no confirmar ni negar la posesión de armas nucleares, sino que también se complementa con medidas prácticas y simbólicas, como el secretismo en torno a su programa nuclear o las declaraciones ambiguas de sus líderes (como las de Amichai Eliyahu sobre Gaza).
Aunque criticada por socavar los esfuerzos de no proliferación nuclear y generar tensiones o potenciales crisis en Oriente Medio con peligrosas consecuencias, es un hecho que la ambigüedad nuclear ha permitido a Israel mantener una ventaja estratégica significativa frente a sus potenciales enemigos en la región.
Sin embargo, la política de ambigüedad nuclear de Israel ha tenido importantes consecuencias regionales y globales. En el Medio Oriente, esta ambigüedad actúa como un poderoso disuasivo, ayudando a prevenir guerras a gran escala si bien no ha podido eliminar los conflictos menores. En términos de relaciones internacionales, ha permitido a Israel mantener una estrecha relación con Estados Unidos, que en la práctica ha adoptado una postura de «no preguntar, no hablar» sobre el arsenal atómico israelí, apoyando así la ambigüedad nuclear de Israel.
Sin embargo, esta política ha sido criticada por socavar los esfuerzos globales de no proliferación, y por complicar la creación de un Oriente Medio libre de armas nucleares en una de las regiones más conflictivas del mundo.
¿Podría usar Israel el arma atómica?
Llegados a este punto, es lógico plantearse hasta qué punto el Estado hebreo estaría dispuesto realmente a usar el arma atómica, y qué ocurriría si Israel amenaza con la bomba nuclear durante un conflicto y acaba usándola, incluso aunque solo fuera como medida disuasoria (como en el “plan Sansón” de 1967 mencionado antes).
Aunque la doctrina de muchos países respecto al uso de armas nucleares (incluso la de Rusia, pese a sus críticas contra la ayuda de Occidente a Ucrania) vea a estas armas como un último recurso para garantizar la supervivencia en situaciones extremas, declaraciones como las de el ya citado ministro israelí sobre Gaza ponen de manifiesto que hay otras voces que abogan por un uso más amplio y “activo” del arsenal atómico. Analicemos un poco cuál es la doctrina israelí al respecto, que como veremos difiere un poco de la de otros países con capacidad nuclear.
Bases de la doctrina israelí de uso del arma nuclear
La doctrina de uso del arma nuclear por parte de Israel está en gran medida influenciada por su política de disuasión. Esta doctrina se basa en la capacidad de infligir un daño catastrófico e inasumible a cualquier adversario que intente aniquilar al Estado de Israel. Los principios clave de esta doctrina incluyen los siguientes elementos (algunos ya los hemos visto antes más desarrollados):
- Disuasión primaria: la principal función de las armas nucleares de Israel es disuadir a sus enemigos de lanzar un primer ataque nuclear, químico, biológico o convencional a gran escala que ponga en peligro su existencia.
- Capacidad de segundo golpe: Israel ha desarrollado notablemente su capacidad para asestar un segundo golpe con armamento atómico, asegurando que pueda responder a un ataque devastador con una represalia nuclear, incluso en la peor de las circunstancias.
- Opción Sansón: la opción Sansón se relaciona directamente con la capacidad para asestar un segundo golpe, ya que plantea que cualquier enemigo (externo, o interno) que cause la destrucción de Israel, se enfrente él mismo también a su propia destrucción incluso aunque logre una aparente victoria inicial.
Escenarios hipotéticos de uso de la bomba atómica
Bajo estos términos, Israel podría considerar el uso de armas nucleares en los siguientes escenarios:
Ataque nuclear inminente o real:
Si un adversario lanza o se prepara para lanzar un ataque nuclear contra Israel, la doctrina de disuasión de Israel probablemente justificaría una respuesta nuclear, o incluso un primer ataque preventivo.
Amenaza existencial convencional:
En caso de una invasión a gran escala o un ataque convencional que ponga en peligro la existencia misma de Israel, el uso de armas nucleares sería una opción para detener el avance enemigo y asegurar la supervivencia de la nación.
Ataques con Armas de Destrucción Masiva (ADM):
Si un adversario utiliza armas químicas o biológicas en un ataque contra Israel, es muy probable que esta acción desencadenase una respuesta nuclear israelí, especialmente si se tratase de un ataque a gran escala, y no localizado (que posiblemente sería respondido con un ataque convencional, pero masivo).
Colapso del Estado:
En una situación donde la continuidad del Estado de Israel esté en peligro debido a conflictos internos, a injerencias o ataques externos, o a una combinación de estos factores, la opción Sansón se plantea como un último recurso: ya sea como amenaza real para evitar la destrucción total de Israel, o como represalia “por venganza” ante la aniquilación del Estado israelí.

Consecuencias de un ataque nuclear de Israel
Si se diese la terrible situación de que Israel, bajo cualquier circunstancia, lanzase un ataque nuclear, las implicaciones regionales y globales serían enormes:
Escalada bélica y/o nuclear:
Tras el shock inicial, un ataque nuclear israelí podría escalar rápidamente el conflicto, llevando a la implicación de otros países y a una guerra a gran escala de ámbito mundial -especialmente en una región tan volátil y con tantos intereses contrapuestos como Oriente Medio- que podría implicar represalias nucleares.
Impacto humanitario y ambiental:
Las consecuencias humanitarias y ambientales de un ataque nuclear serían catastróficas. Incluso aunque el uso fuese limitado y sobre una zona despoblada, la radiación emitida y las partículas radiactivas arrastradas por el viento contaminarían durante siglos el suelo, el agua y el aire en decenas de kilómetros a la redonda, obligando a crear una zona de exclusión como la de Chernóbil. Si el ataque se lanzase cerca de una zona poblada o sobre ella, causaría de inmediato enormes pérdidas de vidas por la onda expansiva y el calor, además de una destrucción masiva de infraestructuras y efectos en la salud y el medioambiente circundante que durarían décadas o siglos.
Desestabilización regional:
El uso de armas nucleares desestabilizaría completamente el Medio Oriente, desatando casi inmediatamente conflictos latentes y agravando los ya existentes. Países como Irán, que mantienen también un gran secretismo sobre su programa nuclear, podrían hacer públicos sus avances en armamento nuclear al sentirse amenazados por Israel. Otros como Siria o Egipto podrían revelar su arsenal de armas químicas o biológicas por la misma causa, y amenazar con usarlo. Incluso aunque no hubiese represalias nucleares y se lograse parar la escalada, se desataría una carrera armamentística entre los países de Oriente Medio por hacerse con el arma nuclear.
Reacciones internacionales:
La comunidad internacional probablemente reaccionaría con una condena unánime (salvo quizás en el caso de países aliados como Estados Unidos, que bajo ciertas circunstancias podrían justificar el ataque israelí como una medida preventiva o de defensa). Muchos países anunciarían de inmediato sanciones, y se pondrían en marcha esfuerzos diplomáticos para contener el conflicto, evitar una escalada y un nuevo uso de armas nucleares. Sin embargo, dada la volatilidad y las circunstancias de la región en la que se asienta Israel, no está claro que pudiese evitarse una escalada bélica, que en cualquier caso podría trasladarse de Oriente Medio a un enfrentamiento directo entre las potencias nucleares, a causa de las tensiones y disputas sobre la respuesta que debería darse a la acción de Israel.
Conclusiones finales
Como habéis visto, no resulta sencillo -ni breve- analizar el programa nuclear de Israel y las potenciales consecuencias del uso del arma atómica en una región como Oriente Medio. Al hablar de la bomba nuclear de Israel o de su estrategia de disuasión debemos tener en cuenta factores diferenciadores como la opción Sansón, que representan una circunstancia casi única en lo que respecta a la doctrina de uso de armamento nuclear -al menos en el mundo Occidental- al combinar la disuasión con la amenaza e incluso con una actitud “suicida”: esto en la práctica coloca a Israel como un país de “gatillo fácil” y uno de los más propensos a pulsar el botón nuclear… Pese a ser el único que oficialmente no reconoce tener este tipo de armamento.
Medio Oriente siempre ha sido un polvorín, así que admitámoslo: la existencia -prácticamente probada- de las armas nucleares de Israel, y bajo doctrinas de uso como la opción Sansón ideada por los líderes israelíes… Es justo lo último que necesita esta región; y podría ser el factor que acabe desencadenando una cadena de acontecimientos que no podamos prevenir ni evitar… Y para los que posiblemente, no estamos preparados.