¿Es «El Colapso» la serie del año? No lo creo

Pablo Gómez

Hace poco me interesaba por la serie «El Colapso», una producción francesa que en medios españoles se ha presentado como «La serie del año«, poco más que asegurando que se había anticipado a la pandemia de coronavirus y que podía ser un reflejo de lo que podíamos llegar a vivir en algún momento, y destacando su calidad por estar rodada en plano secuencia sin cortes. ¿Es esto cierto? ¿Es para tanto? Pues voy a daros mi opinión personal… y ojo, porque VIENEN SPOILERS.

Mirad, lo confieso: NUNCA he entendido el cine francés. Mira que se hablan maravillas del cine de nuestro país vecino, de sus directores, de sus películas… No es que yo sea de los que se limitan a ver películas de efectos especiales con guiones simples y sin florituras, todo lo contrario: me gustan las películas que me hacen pensar y que se centran en la trama, y si os digo que David Lynch es uno de mis directores favoritos, pues creo que con eso os lo digo todo… Pero con el cine francés vaya, no recuerdo cuándo fue la última vez que vi una película francesa con la que me quedara a gusto. Mi sensación cuando las veo es que no acabo de entender la trama y, sobre todo, que cuando llega el final te quedas como «¿Pero qué? ¿Y acaba así?». Seguramente no sea algo que se pueda generalizar, pero lo he vivido con muchas películas galas.

Bueno, a pesar de mis problemas con el cine francés, cuando vi esta serie y las maravillas que se hablaban de ella, pues me sentí atraído por la idea y decidí buscarla y verla. Hay que subrayar que la serie es de 2019, de ahí que muchos hayan hablado de «anticipación» a la pandemia, aunque este es un punto que no acabo de entender… Vale que con la pandemia en algún momento hemos llegado a pensar en qué pasaría si nuestra sociedad se fuera al garete, pero esta serie no trata sobre ninguna pandemia: no vamos a ver a gente enferma, ni gente temiendo contagiarse, ni científicos buscando una cura… Es una serie sobre cómo nuestra sociedad, sin que quede muy claro por qué y de la noche a la mañana, colapsa: el sistema se viene abajo, todo se desmorona, y todo el mundo tiene que buscarse la vida.

Y aquí es donde yo creo que esta serie repite clichés y realmente no muestra lo que hemos aprendido con esta pandemia (aunque repito, no hable de ella para nada…); porque si algo nos ha enseñado la COVID-19 es que sí, hay gente que sólo piensa en sí misma y en disfrutar del ahora y a los demás, a las consecuencias y al futuro que les den morcilla… Pero también hemos visto que esa gente, son minoría. La mayoría de la gente -o al menos una parte importante-trata de mantener la calma y de ayudar a los demás, porque si algo nos enseñan este tipo de situaciones es humildad, que no somos nadie, y eso en muchos casos acaba sacando lo mejor de nosotros mismos (y también lo peor en algunos casos, claro). Pero en esta serie no aparece nada de eso (salvo la excepción del episodio en la residencia de ancianos): aquí la gente sólo piensa en sí misma y en pasar por encima de todo el mundo, y ahí es donde yo creo que se repiten cosas que hemos visto en otras series y películas que tratan de reflejar cómo sería un hipotético «fin del mundo».

En lo que respeta al uso del plano secuencia no tengo nada que decir, le da un toque interesante pero no necesariamente puede ser la mejor fórmula; pero no puedo estar de acuerdo en la duración de los capítulos, que realmente se quedan en unos 15 minutos cada uno… ¿En serio? ¿Quieres retratar un aspecto del colapso de la civilización en un cuarto de hora? Claro, eso implica cosas como que los personajes no estén bien desarrollados, ver cambios de carácter y de actitud que no se entienden muy bien y que no son creíbles -pero que responden a exigencias del guión para poder contarlo todo en tan poco tiempo- y ser testigos de situaciones surrealistas como la que se da durante la llegada de los refugiados a la aldea, donde una mujer pasa de ser una desconfiada a una asesina en serie en cuestión de 10 minutos… Ridículo.

El uso del plano secuencia contribuye a mantener la tensión en episodios como el de «La Isla», que me parece el mejor de todos precisamente porque a la luz de lo que hemos visto en los episodios anteriores parece paradójicamente uno de los más creíbles, y porque se mantiene la atención del espectador en todo momento: aquí sí que funciona un episodio de sólo 15 minutos, porque sería difícil captar esa atención y mantener esa tensión durante más tiempo. Pero cuando hay que contar cosas en las que haya más diálogo (y en «La Isla» el diálogo brilla casi por su ausencia) es donde pienso que falla la serie por lo que ya he mencionado.

Otra cosa que no entiendo y que se ha desaprovechado completamente, es el uso de personajes que aparecen en varias historias… ¿Cuál es la finalidad? Se podría entender si sus situaciones o sus historias se entrecruzasen, si tuviesen cierto protagonismo en más de un episodio… Pero no es así. El policía que aparece en el 2º episodio en la gasolinera, tan solo hace un cameo en los segundos finales del último episodio cuando los activistas son detenidos tras aparecer en televisión; lo mismo ocurre con los protagonistas de «La gasolinera», que se muestran fugazmente en «La residencia» y sin que se desarrolle ni se entienda su relación. La mujer que aparece en «La isla» resulta ser la esposa del millonario en el episodio de «El aeródromo», y uno ve el episodio pensando que en algún momento intervendrá de alguna forma su marido -si no, ¿para qué nos muestran esa relación entre ambos personajes?- aunque sea con una frase… No es así, no pasa nada. En fin, que de un recurso como es la aparición de personajes e historias cruzadas que ha dado mucho, mucho juego en otras series y películas, aquí se usa como quien utiliza un whisky escocés de 80 años para limpiar la barra de un bar. Mal no, fatal.

Imagen de la serie El Colapso

Desgranando cada capítulo, no vemos sino los problemas que ya he mencionado y que ahondan en el problema de que es una serie con un buen planteamiento pero que al final se queda en eso, porque no sabe utilizar los recursos que tiene a su disposición para contar una historia trascendente y creíble sobre el fin de nuestra civilización. En el primer episodio, «El supermercado», vemos a una joven activista ecologista que sabe más sobre lo cerca que está el fin del mundo y sobre todo sobre los problemas de abastecimiento que se avecinan, que su novio que trabaja… ¡en un supermercado! Aun así, me parece uno de los episodios más interesantes porque retrata los primeros momentos, y sobre todo porque aquí sí que muchos espectadores nos hemos podido sentir identificados con lo que vivimos en ciertos momentos de la pandemia, especialmente en los primeros meses de 2020.

El episodio de «La gasolinera», me parece paradójicamente uno de los menos creíbles. ¿Por qué? Pues porque si nos fijamos en cada episodio se nos muestra al principio cuantos días han pasado desde el colapso… Y aunque se puede entender que haya una escasez de combustible por la razón que sea, lo que ya no resulta tan creíble es que el dinero haya dejado de usarse después de sólo 5 días o que la policía haya perdido su autoridad. El papel del policía es también un tanto ambivalente, ¿para qué quiere la gasolina, para escapar o para imponer el orden? ¿Por qué esas provocaciones constantes del personal de la gasolinera husmeando su coche mientras él es un policía con un arma de fuego? No es muy creíble, parecen estar queriendo forzar el desenlace; y el protagonismo que cobra el joven que aparece al principio y que termina el episodio robando la furgoneta, no obedece a ningún fin… ¿Por qué se centra la historia tanto en él? ¿Acaso aparece en más episodios (no lo hace)? En fin, cine francés

El tercer episodio es el titulado «El aeródromo», y aunque vemos una situación que podría tildarse de más «real» -un millonario contrata un seguro de escape previendo un colapso del sistema- las actuaciones de los personajes tampoco son creíbles precisamente por lo que ya dije de que los guionistas quieren contar muchas cosas sin apenas de disponer de tiempo. Salvando el hecho de que has pagado una millonada y sólo te pueden avisar por un walkie-talkie barato con 15 minutos de antelación para que te subas al avión que te va a salvar, ¿por qué esa forma de entretenerse por la casa? ¿Quieres llevarte algo de valor… y te llevas cuadros? ¿No tienes joyas, oro, un iPhone de 2.000 euros? ¿Has estado con tu amante y ninguno de los dos os habéis enterado de que el mundo se está yendo al garete hasta el último momento, cuando resulta que os encontráis al servicio saqueando vuestra cocina porque no hay alimentos en ningún sitio (otra situación surrealista y poco creíble)?

Tampoco resulta convincente la actitud del chófer, que pasa de un comportamiento sumiso para sacar el coche e irse sin la amante de su jefe, o para atropellar a la gente que se interpone en su camino en la carretera, a enfrentarse segundos después a su jefe con una actitud totalmente opuesta (¿acaso es bipolar?) y hablarle como un matón de barrio cuando están llegando al aeródromo. E insisto: si hay gente en medio de la carretera sin gasolina y pidiendo comida, es que el mundo no colapsó ayer ni hoy… Es que lleva meses así: ¿dónde has estado todo este tiempo que no te has enterado?

El 4º episodio, «La aldea», es paradójicamente uno de los que tiene menos fallos de guión por la situación que plantea en medio del colapso de las ciudades, y sobre todo porque no recurre como otros episodios a contar atropelladamente un montón de cosas disponiendo de sólo 15 minutos… pero acaba fallando cuando sí intenta explicar -tal y como ya dije antes- cómo una mujer convence a otros no sólo de que no se pueden fiar de los habitantes de la aldea y hay que expiarles (¡Pero que acabáis de llegar hace 5 minutos a la aldea!), sino además de que hay que tomarla por la fuerza sin ni siquiera acabar de escuchar la decisión de la asamblea. A partir de ahí, la situación se vuelve delirante y los personajes van perdiendo credibilidad especialmente a partir del asesinato del hijo del médico, cuando la mujer se revela repentinamente en cuestión de 5 minutos como una paranoica bipolar y asesina nata… Vamos, todo muy creíble (modo ironía ON).

El episodio «La central nuclear» es difícil de definir. En cuanto a la puesta en escena, me parece bastante acertada y creo que sí logra transmitir esa tensión, y es junto con el primero y con el de «La Isla» posiblemente uno de los capítulos que salvaría de esta serie, sobre todo por el final. Tengo pocos fallos que sacarle… por mucho que la idea de enfriar un reactor nuclear a base de que supuestos ingenieros monten una cadena humana para llevar agua con calderos y enfriar una central nuclear, suene de lo más creíble (…sí, sigo con la ironía encendida).

El 6º episodio, «La Residencia», tiene también un buen planteamiento inicial y trata un aspecto de la reacción ante el colapso del que hablé al principio: un joven decide negarse a hacer lo que han hecho el resto de sus compañeros, y permanece en su puesto atendiendo a los ancianos de la residencia, ya que de otra forma se quedarían solos y desatendidos. Los primeros minutos me parecen geniales y de nuevo auguran algo bueno… pero otra vez las exigencias del guión y el timing lo arruinan todo. A ver, alma cándida… ¿El mundo se ha ido al garete, estás al cargo de un montón de ancianos desvalidos a los que tienes que alimentar… y te dejas todo abierto para que cualquiera entre y te robe? ¿Y luego te preguntas por qué?? ¿Es que te has tomado la medicación de tus pacientes? Aun así el papel del protagonista y su actuación me parece una de las mejores de la serie, si bien tampoco se entiende por qué tira la toalla tan pronto y decide matar por «eutanasia» a los ancianos… ¿Los mata porque de repente no les puede hacer la comida del mediodía??? En serio, es ridículo. ¿Se queda con ellos hasta el final, y ni siquiera intenta salir a buscar más comida??? Doblemente ridículo. Además, la muerte de la anciana postrada en la cama que pinta debería haber tenido más trascendencia, se le debería haber dedicado mucho más tiempo dado que juega una especie de papel de madre con el cuidador. En fin, de nuevo algo que pudo salir muy bien queda totalmente desaprovechado.

Sobre el penúltimo episodio, «La Isla», no me voy a extender porque en realidad no hay mucho que contar más que lo que ya dije: posiblemente es el mejor capítulo porque es perfecto para ser contado en 15 minutos y porque sabe captar la atención sin necesidad de usar casi diálogos ni de justificar las acciones, que se entienden tras haber visto los episodios anteriores. Es un episodio bien ejecutado y con una historia «creíble» (dentro de la narrativa de la serie) que ofrece grandes momentos, a pesar de que se espere una intervención por mínima que sea del marido de la protagonista que al final nunca llega.

Es sin embargo el último episodio, «El plató de televisión», el peor de todos y por tanto el que acaba destrozando la serie y dejándote mal sabor de boca. Y os voy a explicar por qué. Como os conté, en cada episodio se muestra al principio los días que han transcurrido desde el colapso (Jour+25 por ejemplo, es decir: Día+25). Este es el único episodio que transcurre antes del temido colapso, y es uno de los menos creíbles porque tan sólo transcurre 5 días antes de que supuestamente todo se venga abajo, y no vemos ningún indicativo de que vaya a pasar nada. No vemos protestas en las calles, ni gente deambulando en busca de comida, ni los problemas ambientales a los que constantemente alude la serie como causa del colapso… Vemos una calle normal en un día normal, y a un grupo de activistas (¿ecologistas?) actuando como si fuera una protesta más, y protestando además de forma bastante ridícula por cierto. La entrada al plató es muy surrealista, prácticamente entran sin que nadie se lo impida a pesar de que hay toda una ministra dentro, y cuando los guardias los detienen se quedan embobados escuchándoles si hacer nada dejándoles pasar al plató (si yo tuviera unos escoltas así me preocuparía seriamente…).

Pero lo peor es la intervención en plató, no sólo es que no resulta creíble la actuación de ninguno de los personajes (no se salva ni uno, madre mía…), sino que ralla el ridículo… Un presentador hablando irónicamente y de forma despectiva porque «todo forma parte del espectáculo», un par de colaboradores con papeles dignos del «Sálvame» de Tele 5, una ministra chula y prepotente que se presta a hablar de tú a tú con un individuo que acaba de irrumpir a la fuerza en directo… Y lo que es peor, el aludido, el supuesto científico que debía entrar en plató para alertar al mundo de lo que está a punto de pasar y salvar a la humanidad… Aparece como un pato mareado que sólo sabe decir incongruencias, vaguedades, nada que no podamos decir tú o yo con más lógica y coherencia… así que que queda como un idiota frente al resto (y mira que es difícil viendo lo que tenía enfrente…). ¿Y para esto te arriesgas a que los de seguridad te partan la cara (aunque bueno, estos ya hemos visto que se paran a charlar contigo…)? Además el público aparece también despreocupado, riéndose, es un público como de cualquier programa que podamos ver hoy día, y nada evidencia que sea una sociedad en crisis o que el colapso sea inminente… ¡¡¡Pero 5 días después ocurre!!! ¿Y ni siquiera la ministra lo vio venir? ¿Ni siquiera lo previó el científico, que espera hasta 5 días antes para tratar de alertar al mundo? ¡Para esto quédate en tu casa!

En definitiva, creo que «El Colapso» es una serie que puede estar bien para ver en estos tiempos de crisis existencial por la pandemia de coronavirus, con la que pasar un buen rato y descubrir planteamientos e incluso ideas interesantes… Pero poquito más. No esperemos ver cosas que nos den qué pensar, sobre las que reflexionar, porque la mayoría de las situaciones que nos plantea o no son creíbles o están demasiado exageradas o forzadas. No esperemos ver grandes actuaciones ni personajes con los que identificarnos, porque apenas hay desarrollo de los mismos y si nos identificamos con ellos seguramente tendríamos que hacérnoslo mirar… Y no esperemos ver la serie del año. Vista una vez, lo más seguro es que nos olvidemos de ella y pongamos la televisión: porque ahora mismo la realidad supera a la ficción… o al menos a la ficción que no es buena, como es este caso.

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